
En el blanco manto de las faldas del Toloño,
rodeada de libres y bonitos caballos,
siento tu cariño,
y siento el calor de tu abrazo,
no el frio,
y sonrio,
te sonrio.
Respiro ondo y pienso en ti,
para transmitirte y puedas sentir
toda esta maravilla
que se muestra ante mí.